Preparando para la llegada

Cuando comenzó la temporada, el Sevilla de Eduardo Berizzo manejaba una plantilla realmente ilusionante. Línea por línea, su nómina de futbolistas sumaba calidad, tanto potencial como real. Real porque estaba contrastada; sus jugadores habían rendido de manera incondicional en diferentes contextos. Y potencial porque ofrecía múltiples posibilidades para abarcar diferentes ideas y momentos del juego. Era, y es, un plantel completísimo que se definía por lo más básico, la mencionada calidad de la misma. Pero Berizzo no logró conectar a sus futbolistas con la idea, algo que parece haber conseguido un Vincenzo Montella que afronta la segunda mitad de la temporada con una guinda llamada Roque.
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La temporada sevillista arrancó con la previa ante el Instanbul Basaksehir. En aquella primera toma de contacto, ya desde el encuentro de ida, el mediocampo formado por Pizarro, Banega y Nzonzi, titular aquella noche, anticipó un rapídisimo acomodo que no tuvo continuidad. La fórmula parecía grácil y potente, se sentía feeling y complementariedad en cada rol, dibujando un escenario muy interesante para la nueva aventura del ‘Toto’. El caso es que aquello no cuajó y el mediocampo se fue configurando de otra manera. La parcela del campo a priori más importante del proyecto, la que ocupa el jugador con mayor capacidad para crear identidad como es Éver Banega, se quedó huérfana de plan. Conectando ambos momentos, agosto y enero, la ecuación está muy cerca de resolverse. Se ha encontrado la manera, y Mesa viene a potenciarla.
Desde que ganara en el Metropolitano -apenas días después de su derrota en el derbi sevillano-, el Sevilla ha conectado con la mente de una plantilla que, como se introducía, vive de la calidad. De las posibilidades de hacer y crear al ritmo que desee, al pie o al espacio, atrás y adelante. De manera puntual o de manera dominante. Montella simplificó sus momentos defensivos, separó de primeras la fase del balón con la del repliegue y desde ahí activó la calidad para marcar diferencias y con ello crecer y hacer crecer otras que aumentaran su techo como equipo. Los futbolistas han entendido lo que deben hacer, han ganado confianza y ahora ya entienden lo mucho que saben hacer.
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Cada decisión del técnico italiano ha tenido un significado muy característico, que ha llevado a su equipo a poder relacionarse bien, con la coherencia adecuadas para crear espacios o aprovecharlos desde atrás. Muriel, una referencia móvil y generosa, Correa y Sarabia, más delanteros que extremos, y Mudo Vázquez como nexo y pausa que mantiene la altura, que activa desmarques, han ofrecido un contexto idílico para que sus centrocampistas, Nzonzi y Banega, verdaderos jerarcas, encuentren tiempo y espacio para ordenar y desordenar. Todos pueden relacionarse sin entorpecerse. Hay plan. Y es de ritmo alto, una característica que conecta y ha conectado siempre de fábula con la grada del Sánchez Pizjuán.
La llegada de Roque Mesa lo hace en el momento idílico para sumar. El contexto está creado y las piezas activadas. El Sevilla ha cerrado la primera gran pregunta y quiere abrir la segunda para elevar su potencial, esa que lleva a pensar qué supondrá, a nivel táctico y rítmico la llegada de Mesa.