La inteligencia

Futbolistas con la calidad técnica y la capacidad física de Manu García hay a patadas en nuestro fútbol. No sólo en Primera División o incluso en Segunda, sino también en esa compleja Segunda B de la que es tan difícil escapar para muchas ciudades, clubes, técnicos y jugadores. Y esto el primero que lo sabe es el propio Manu García.
Antes de llegar a Vitoria, su carrera había transcurrido sin altos ni bajos. Misma categoría y mismo grupo para un futbolista que se había formado en Zubieta y que luego pasaría por Irún, Eibar y Logroño. Pero en Mendizorroza todo cambió. Y lo hizo a lo grande. Llegó al Alavés con 26 años, se hizo un hueco de inmediato con Natxo González, ascendió en su primera temporada, se consolidó en Segunda sin problemas, fue clave con Bordalás desde el primer día y, gracias a otro ascenso como campeón, debutó en Primera División con 30 años marcando en el minuto 89 el gol del empate en el Calderón ante todo un vigente finalista de la Champions League.
Y todo esto lo hizo siendo el mismo jugador que era en Segunda B.
Camisetas de Fútbol de las Selecciones del Mundial 2018.
Pero en el nivel de un futbolista no sólo influye lo más evidente, lo más apreciable. Más allá de la calidad técnica y la capacidad física está la virtud que articula, potencia o limita el resto de condiciones, la inteligencia. Porque comprender el juego, hoy en día, también marca muchas diferencias. Y el caso de Manu es uno evidente.
De estos futbolistas a menudo se suele decir que son una extensión del entrenador sobre el campo, pero a menudo son más que eso, que un anexo. Porque en el fútbol todo cambia en cada jugada y en cada segundo. Hay patrones, estructuras y sistemas, desde luego, pero todos ellos son dirigidos por personas que, además, no utilizan las manos para ello, sino los pies, lo cual convierte este juego en un deporte maravilloso. Y es ahí donde el talento para interpretar lo que está pasando ofrece una ventaja competitiva a ciertos jugadores. Manu es uno de ellos. Y el Alavés se aprovecha constantemente de esto. Su capacidad para acosar rivales, eligiendo cuándo y cómo presionar, le está permitiendo al Pitu Abelardo frenar la mayoría de secuencias ofensivas rivales incluso antes de que su defensa tenga que intervenir. Su talento para el pase sencillo, útil y práctico desahoga constantemente a un equipo que quiere atacar rápido pero que no se puede permitir ciertas pérdidas, como nos contaban Borja de Matías y Jon Zubillaga recientemente en Cáprica. Y, por último, su condición de llegador, detectando siempre qué espacio vacío atacar y en qué momento justo hacerlo, añade una variante ofensiva más a un Deportivo Alavés al que goles nunca le sobran.
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Manu García es eso, un futbolista que intuye, piensa y decide para beneficio constante de los que sí pueden brillar desde un registro más técnico o físico. Es, en definitiva, el Alavés de Natxo González, de Pepe Bordalás, de Maurizio Pellegrino y del Pitu Abelardo.