Los cabezasos del Cholo

El Atlético de Madrid de Simeone, por encima de todo, ha basado su enorme competitividad en su capacidad para resistir muy cerca de su área durante largos periodos de tiempo. Tal fue el nivel que llegó a alcanzar que la sensación que quedaba cuando el árbitro decretaba el final del encuentro es que éste había sido un mero trámite, pues hubiese durado 15, 30 o 60 minutos más el resultado habría sido el mismo. Al mejor Atleti no es que no se le tumbase, es que no se le rozaba. Era realmente frustrante para los rivales.
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Antes de todo esto el Atlético ya había condicionado el plan del rival a través de una puntualidad que siempre llegaba de la misma manera: aprovechando las fases de presión y alta intensidad con las que comenzaban cada partido o eliminatoria. Ahora este gol no cae con tanta facilidad, pero lo realmente preocupante es cómo lo que antes era una fortaleza muy bien protegida, desde hace un tiempo está siendo un problema sin aparente solución que le está costando muchos puntos al equipo. Ésta no es una cuestión tanto de simples números totales (9 goles encajados en 14 partidos), en la cual Jan Oblak tiene mucho que ver para bien, como de la forma en la que el Atlético de Madrid 2017/2018 ha encajado todos sus goles en Liga y Champions: tras centro/pase lateral. Siete de ellos, de cabeza.
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Pero esto no es nada nuevo. Tras tocar techo en 2014, el Atlético fue perdiendo poco a poco potencial en su área. Primero fueron las marchas de Courtois y de Miranda, dos figuras claves en todas estas acciones. Después llegaron el cambio de perfil en las bandas y los problemas físicos de Tiago, que comenzó a dejar huérfana una posición fundamental. En el Allianz, ante el Bayern de Pep en 2016, un equipo consiguió por primera vez en Europa destapar esta fragilidad en los balones laterales. Y tras la marcha final de Tiago, el duro bajón de Godín y el hundimiento de Juanfran, tenemos lo que estamos viendo este curso: un equipo que no sólo no está seguro en su área, sino que en determinadas situaciones llega a sufrir.
Los rivales ya no sufren en los costados esos achiques laterales que les dejaban en constante inferioridad numérica y que permitían que Juanfran, quizás la pieza más débil, rara vez sufriese en defensa. La suya siempre parecía una desventaja en la teoría, pero casi nunca lo fue en la práctica. Ahora sí lo es. El colectivo ya no esconde su debilidad en el uno para uno, que además se ha ido acrecentando según ha perdido frescura física, sino que más bien la expone. No hay zona fuerte en campo propio para el Atlético de Madrid. Guarda automatismos, ciertas condiciones y un recuerdo táctico que se traduce en personalidad y concentración, pero no se siente del todo seguro a ninguna altura concreta. Y menos en el punto de penalti. Los problemas de Savic en estas acciones, sumadas a los que tiene el equipo en general cerrando balones al segundo palo, inciden constantemente en la ausencia de un mediocentro capaz de corregir estas situaciones que, hace no tanto, ni siquiera existían.